Maricela Ortiz Cortés pertenece a la octava generación de su familia que elabora ollas de barro con la tierra ricamente coloreada que rodea su pueblo mixteco, Santo Domingo Tonaltepec. Su pieza «La olla que canta» recibió una mención honorífica en el 7º Concurso de FOFA, dirigido a Jóvenes Artistas Folclóricos de Oaxaca, celebrado el pasado mes de febrero.
Santo Domingo Tonaltepec está situado en la región montañosa de la Mixteca Alta de Oaxaca. Maricela Ortiz y otra artista de nombre Maricela Zambrano, participaron por primera vez en el 7º concurso de FOFA siendo las primeras representantes de su pueblo en tomar parte en este certamen.
Honrar la tradición y abrir nuevos caminos
aricela abraza su herencia mixteca y la antigua tradición de arte popular de su comunidad, el “barro chorreado”, con una dedicación tanto a la preservación como a la innovación. Ingeniera en agricultura sostenible de formación, Maricela creó su “ Olla que canta”, una pieza compuesta por dos partes, combinando las prácticas ancestrales de sus antepasados con técnicas que ha explorado y desarrollado por cuenta propia. Su obra única consiste en una vasija de barro llena de agua, sobre la cual se asienta un cántaro que silba al moverse hacia arriba y hacia abajo, un ‘efecto especial’ que ha perfeccionado recientemente (véase el enlace al vídeo más abajo)
Como en todas sus creaciones, Maricela coció su “Olla que canta” en un horno de leña al aire libre, sobre el suelo, en un proceso que duró aproximadamente desde el amanecer hasta el anochecer. Inmediatamente después de retiró la vasija del fuego, la tiñó con un tinte tradicional de corteza de roble mediante una técnica de choque térmico que aprendió de su madre, un embellecimiento que suele emplearse en piezas utilitarias. Otra variación dentro de la tradición es que, al moldear la pieza, Maricela la grabó con una técnica llamada esgrafiado, visible en la foto y el vídeo de arriba.
Maricela dice que las texturas de su pieza reflejan la dieta básica mixteca de maíz, frijol y trigo, junto con alimentos locales como la calabaza y las habas. También se inspiró en el monte Nudo Mixteco, que se eleva a unos 2, 800 metros de su pueblo y sirve de punto de referencia y fuente de identidad para la comunidad.
Convertir la adversidad en oportunidad
Maricela se dedicó a la alfarería a tiempo completo durante la pandemia, cuando las restricciones para viajar la confinaron a su pueblo. “Fue una gran oportunidad para expresar mis sentimientos”, dice. Pensó: “Tengo arcilla con la que trabajar”. Para ella, este periodo de aislamiento se convirtió en una época de crecimiento artístico e innovación.
Al igual que otras familias de ceramistas de Santo Domingo Tonaltepec, la de Maricela tiene su propia fuente de barro, descubierta hace cientos de años por sus antepasados. Cuando va a recoger un nuevo lote de tierra, Maricela recorre unos cinco kilómetros hasta la mina de barro de su familia, acompañada de un animal de carga. Busca dos tipos de tierra, una arcillosa y otra arenosa, y se fija en cualidades como la compactación de las partículas de arcilla, la pureza y la suavidad.
De vuelta en su taller familiar, Maricela sigue un largo proceso de varios pasos para transformar la tierra cruda que recogió de la mina en arcilla moldeable. Esto incluye eliminar impurezas, añadir agua, colar, secar al sol y amasar. Cada lote requiere unos 15 minutos de amasado por kilogramo para evitar la formación de burbujas de aire.
Un legado familiar arraigado en la abundancia de la tierra
Mi madre es una de las pocas artistas que conserva la forma tradicional de hacer arte en barro”, dice Maricela con orgullo. “Hace cada pieza con amor, con paciencia”. Maricela empezó a jugar con la arcilla a los cuatro años, al principio haciendo figuras rudimentarias, algunas de las cuales aún conserva. Con el paso del tiempo, su madre le transmitió su arte con un método sistemático y enriquecedor. Primero le enseñó a bruñir piezas con cuero duro y a prepararlas para la cocción; después, a alisar y recortar piezas moldeadas pero aún húmedas; y, por último, a moldear vasijas partiendo de un trozo de arcilla. Por eso, dice Maricela, «cuando aprendí a moldear mis propias piezas, ya conocía todos los pasos. Mi madre me entrenó para que, cuando creara algo, pudiera terminarlo de modo que estuviera listo para la cocción».
De izquierda a derecha: ejemplos de las piezas de Maricela, incluida una ocarina caprichosa en el centro.
Maricela aprendió las técnicas del esgrafiado y a hacer que sus vasijas “cantaran” de maestros que la visitaron desde Argentina y Brasil, lo que refleja cómo las comunidades alfareras tradicionales siguen aprendiendo unas de otras más allá de las fronteras. Para los mixtecos, la alfarería representa mucho más que una artesanía: es su legado cultural, su tradición y su forma de vida. De este modo, las innovaciones de Maricela honran el pasado al tiempo que abrazan nuevas posibilidades. Su éxito en el concurso de FOFA supone un reconocimiento a su talento y a la milenaria comunidad artística de Santo Domingo Tonaltepec.
Para ver más del trabajo de Maricela, visítala en Facebook en Cotyledon Barro Arte o en Instagram en @cotyledonbarro.2024
Fotos en este boletín de Alejandra Cruz, Maricela Ortiz Cortés y Nina Stern McCullaugh.
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